top of page

QUÉ PUEDEN ENCONTRAR EN

POR AHÍ 

En esta sección del blog es donde van a encontrar todo lo que escribo y algunas fotos o videos sobre los viajes que he hecho, los que quiero hacer y algunos consejos de cosas que he ido aprendiendo sobre la marcha y no son ninguna verdad universal ni mucho menos, pero pueden llegar a servirles.

Los últimos suspiros cusqueños antes de la vuelta a casa.

  • Foto del escritor: Por Ahí Blog
    Por Ahí Blog
  • 7 mar 2019
  • 5 min de lectura

En el día del maracanazo y de la partida de Ghiggia yo ya era una local en Cusco con amigos incluidos, aunque también tengo grandes problemas de pequeños burgueses: a las 6 am ya estaba con los ojos como el 2 de oro porque los otros huéspedes empezaron a ir al baño que estaba buenísimo que tuviera en frente -sentí el espíritu de Chucky apoderarse de mí-. Pasaron algunas horas que parecieron varias mas antes de poderme cambiar a mi cuarto sin gente y con baño. La ducha y yo teníamos que ponernos al día. La verdad es que han sido pocas las veces en las que sentí tanta necesidad de ducharme.

Con una puntualidad que creí olvidada, me encontré con los amigos vikingos en la escalinata de la catedral para ir de brunch (quiero decir por este medio que el invento brunch me parece una maravilla y agradezco el día que llegó a estas latitudes). Esta vez, vamos por un lugar en el que vi cola prácticamente cada vez que pasé por su puerta y era por una buena razón. Los mega sandwiches de Jack's Café son LO MAS, y solo espero que siga existiendo porque se lo recomiendo a cada persona que conozco que va a Cusco, y no los quiero decepcionar. Con la panza llena salimos a caminar un poco a bajar la comida y de compras, las chicas porque se van en la siguiente madrugada, y yo mirando y eligiendo para cuando me quede sola y salga a llenar mi vacío ¿? con las compras obligadas de souvenirs, regalos y boludeces andinas que se me antojen y quepan en mi presupuesto (y en mi valija).


Las procesiones en Cusco son moneda corriente. Esta fue una de las dos que logré fotografiar. Y en esa esquina, es Jack's.

Vuelvo al hostel y la cama me llama después de la maldad de la madrugada y yo acepté una siesta para después irme a una early dinner (si, ya no se en que idioma hablo, estoy al borde de la esquizofrenia lingüística). Mi acumulación de salchipapas, y papas en muchas variedades y todas las bombas que vengo comiendo se combinaron con la altura y necesito volver a mi nueva cama. En el camino, hay un tipo que cada vez que paso sola o acompañada ofrece tatuajes y piercings. Michael se ganó el premio a mejor respuesta: "if we were drunk we would definetely get "friends for ever" tattooes done". Spoiler: el vendedor de tatuajes escuchó clarito y cuando volvía de mi última cena me paró para darme OTRO flyer y me lo dijo.


Una toma del safari urbano.

En el día 15 me quedé sola de nuevo. Mis amigos nórdicos se fueron así que hice una lista de cosas que recorrer, comprar y fotografiar. Caminé bastante por Cusco en modo safari urbano igual que cuando llegué pero un poco mejor orientada y me fui de compras a una tienda que tiene de todo y la vendedora aunque un poco pushy -obvio- es muy divertida. Acá voy a hablar del viejo y querido regateo. Es una costumbre muy arraigada y a veces algunos vendedores hasta se ofenden si no les regateás o antes de que les digas nada ya te arrancan a bajar el precio. Personalmente, no soy para nada fan del regateo, especialmente cuando se trata de trabajo artesanal -esta es una de mis actividades y creanme que pocas cosas mas feas que le quieran quitar valor a tu trabajo-. Se que el trabajo artesanal no es lo que abunda en el centro histórico de Cusco, y acá viene mi segundo punto: la mayoría de las cosas tienen precios ridículamente baratos -especialmente para nosotros los uruguayos- por lo que pedir una rebaja de algo que ya nos sale chirolas cuando estamos gastando en viajar me parece hasta de mal gusto.

Ahora si, con buzos nuevos, chalinas, adornos y hasta una manta, lo que va a estar divino va a ser intentar meter todo lo que traje mas lo que me llevo en la valija.


Me encanta encontrar estos detalles en los lugares.

Para mi último día en la capital Inca me había reservado dos actividades (además de la competencia contra mi misma en el tetris de valija). La primera, un free walking tour luego de que pude conseguir unos lentes de sol nuevos porque tenía que tener un momento yo de romper algo, y como la ley de Murphy manda, cuando estaba sin lentes no me crucé al vendedor que andaba afuera del mercado de San Pedro todos los días, todos menos este, claro. Volviendo al walking tour, recorrimos lugares que ya había visto, el guía pensó que era amiga de la de la tienda en la que compré ayer y me hice amiga de unos hermanos argentinos. El tour lo terminé con un pisco sour, es decir, medio en pedo. Y sigo sin saber como se hace.


Esta foto a través del Arco de Santa Clara hacia San Pedro creo que es de mis favoritas de todo el viaje.

Con un poco de pisco en sangre me consagré campeona de tetris de valija, obvio, sentándome sobre ella para terminar de cerrar bien, pero lo logré.


Una vista bastante típica del centro histórico de Cusco.

Con ese aire de todopoderosa me fui a conocer un pendiente que tenía: el museo del chocolate, cuyo recorrido iba a terminar con una señora merienda por la que se me caía la baba de solo pensarlo. La parte de museo está bien, tiene un recorrido explicando el proceso de esta delicia desde que es un fruto en la selva (en mi ida a la selva probé esta fruta) hasta la maravilla marrón por la que nos desvivimos. Incluso tiene clases para el público. La parte que me decepcionó un poco fue la de la merienda. Como buena pocha que soy, me pedí un chocolate caliente que hubiese dejado a mi abuela saltando en una pata, y un brownie, que de brownie solo tenía el nombre. O sea, era una rica torta de chocolate, pero nunca un brownie (duele decirlo pero el de Starbucks le daba mil vueltas). Así fue como llena pero desilusionada volví a terminar de acomodar lo que faltaba en el hostel y volví por una última cena en Jack's. -por qué tendré esta necesidad de acordarme de todo lo que comí, eh?-.


Esta es la primer iglesia que se ve en la foto a través del arco.

La magia de la Plaza de Armas de noche, con sus luces naranjas y las luces del resto de la ciudad en las montañas. De regalo, la luna.

La segunda procesión que logré fotografiar en mi última noche. A juzgar por la cantidad de gente y sus vestimentas, esta procesión era mas importante que las otras.

La hora del final.

2:30 am. Hostel. El taxi que pedí por easy taxi no llega porque easy taxi o mi gps no andan bien y no reconoce mi ubicación. En el hostel me llaman uno. Llego al aeropuerto y parecía un pueblo fantasma. Cuando logro hacer el check-in me dice la señora del mostrador que el vuelo de Lima a Santiago está lleno, pero que me lo van a solucionar en Lima. Hasta que no lo solucionen no les creo nada. Me da un mini ataque de pánico mezclado con home sickness. Lima. Una cola inmensa en Lan, agarro wifi y logro hacer el check-in así que me tranquilizo. Llego al avión, me subo. Un chileno y yo tenemos el mismo asiento, la novia era una histérica que se tuvo que quedar sentada conmigo porque I WON! El vuelo demora muuucho. En Santiago tuve que correr literalmente para hacer la conexión a Montevideo. 6 de la tarde, piso suelo uruguayo, al fin. 7 de la tarde, home sweet home con mis bichos.

De final dejo otra de mis fotos preferidas con el arco de Santa Clara, pero de noche. Y sobreviví para contarlo.

Fin del viaje.

Comentarios


  • White Facebook Icon
  • White Instagram Icon
  • White Twitter Icon

© 2023 by Design for Life.

Proudly created with Wix.com

bottom of page