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QUÉ PUEDEN ENCONTRAR EN

POR AHÍ 

En esta sección del blog es donde van a encontrar todo lo que escribo y algunas fotos o videos sobre los viajes que he hecho, los que quiero hacer y algunos consejos de cosas que he ido aprendiendo sobre la marcha y no son ninguna verdad universal ni mucho menos, pero pueden llegar a servirles.

La felicidad tiene cara de mono.

  • Foto del escritor: Por Ahí Blog
    Por Ahí Blog
  • 9 oct 2018
  • 4 min de lectura

Si el día anterior ya había madrugado sobre exitada por los días que se venían, no fue nada comparado con el estado de este día, ya selva adentro y ansiosa por llegar a una reserva de rescate y rehabilitación de animales silvestres. Sí, mas monos.


Mono araña, mono araña, hace lo que hace un mono araña.

Apenas llegamos, me agaché a sacarle fotos a un mono araña que venía caminando muy tranquilo, y así como venía me manoteó las piernas y se me trepó a upa. Y yo me morí de amor automáticamente. Y morí aún mas de amor cuando no quería irse con otra persona. Para mi este ratito ya valió la pena todo el viaje. Si por mi fuera me hubiese quedado ahí los tres días, pero no me dejaron.


Se me explotó el medidor de amor y felicidad.

Además de mi amigo mono araña, había varios monos capuchinos que no me querían tanto como el mono araña pero posaron preciosos para las fotos, otro muy muy pequeñito y otros animales como macaos, jabalíes y tapires, un animal que no conocía y que si tuviese que describirlo diría que es una cruza de oso hormiguero y elefante. Al verlo pensé en la inmensidad de la diversidad de especies y todo lo que hay por conocer. Esta fue la primera de las varias veces en este viaje dentro del viaje que me acordé de una yo niña que quería ser bióloga hasta que llegué al liceo y me hicieron desenamorarme de la biología. Tip para docentes: si enseñan algo, lo que sea, transmitan la pasión que eso les genere o les haya generado en algún momento. Se los pide una yo adulta reflexiva.


Como me dijo un día un amigo gringo, "who doesn't love monkeys?"

El tapir, una criatura totalmente desconocida para mi hasta julio del 2015.

En la reserva también vimos algunas plantas como la "teta de vaca" y la famosísima coca, pero no quiero engañar a nadie, yo sigo embobada con los monos, porque mientras me duraba la sonrisa y veía las plantas, mi amigo mono araña volvió a sentarse a mi lado. El mono quiere que me quede, yo me quiero quedar, ¿por qué no me dejan?


Nos entendemos a la perfección.

Nos fuimos. Volvimos a la ruta en régimen de camioneta y caminata alternadas. Hacía un señor calor que me bajaba la presión a ganas de morir y llegamos a Atalaya, un pueblito a orillas del río Madre de Dios, muy precario, con sus casas sobre pilares y la mayoría con ventanas sin cerramientos. Me acordé que este detalle fue una de las cosas que más me llamó la atención de los cuentos de mi amiga Gabi, que fue la primera en agarrar la ruta y se fue hasta el norte de Brasil y recorrió una buena parte de Sudamérica. Ahora que es temporada seca se la bancan bien, pero tengo mis serias dudas sobre la época lluviosa.


Llegamos a Atalaya. El río Madre de Dios y los motorcanoe.

Después de un rato contra el río en Atalaya en el que nos aprontamos para el agua y compramos una provisión de porquerías y un par de cervezas, el bote -motorcanoe- estaba pronto para nosotros. En ese lugar el río hace una especie de curva y agarramos para uno de sus lados a bañarnos. La corriente es fuertísima, pero ese baño fue salvador. Más que necesario, era imprescindible. Después de chapotear un rato y dejarnos llevar hasta la siguiente "playita", nos levantó el bote y ahora si, la siguiente parada era nuestro lodge en el medio de la selva.


Nos vamos al lodge.

Desembarcamos en el lodge Paititi. Lógicamente no está cerca de la actual orilla del río que crece como la mismísima madre de Dios en la temporada lluviosa. Caminamos una extensión de probablemente un par de cuadras que quedan tapadas por el agua en la otra temporada. El lodge está medio que arriba de un cerro. Es el que no tenía agua caliente, y que ganas que tenía de meterme abajo de la ducha bien fría. Había que subir por unos escalones de barro y ramas por lo que lógicamente es mejor subir descalza, a lo Mowgli, sobre todo si venís en chancletas como yo y con el cargamento para estos días. La recompensa, llegar arriba y maravillarse con la vista desde nuestra nueva casa.


Pavadita de vista.

Nuestro cuarto de princesas.

Nos acomodamos en nuestros cuartos y bautizamos el nuestro como el "cuarto de princesas" gracias a los mosquiteros individuales sobre cada una de nuestras camas. Una ducha, a almorzar y nos vamos de caminata por la selva. ¡Hakuna matata! Primero hicimos un tramo en bote adentrándonos más en la selva, y empezamos nuestra caminata por la selva primaria, la que es recontra frondosa, con vegetación permanente, árboles gigantes que entrelazan sus copas y donde casi nunca se ve el cielo.


La foto no refleja la altura de uno de los árboles mas grandes que vi en la vida.

Me siento Pulgarcito.

Mucho barro, con enterrada incluida para mi (porque voy a admitirlo, tenía que tener mi momento Mr. Bean) pero vimos unos árboles zarpados, incluso uno enorme que calculan que ronda los 500 años de edad, y tan sólo sus raíces son mas altas que yo (ni que se precisara tanto), y otro al que le crecen raíces con forma de pene -así que sepanlo, crecen en los árboles-. Conocí la planta del ananá, y también la del cacao, que la probamos y no me pareció para nada sabrosa y no me explico cómo carajo sale el chocolate de ahí por más que sepa que se hace de las semillas.


Para mi ésto fue tremenda novedad.

¿Pueden creer que una de las cosas más ricas del mundo salga de acá? Yo tampoco. #elchocolateesensalada

Cuando volvemos, justo al atardecer, es momento de otra ducha y cenar/merendar. Nos quedamos de sobremesa con la cerveza de Atalaya hasta que se apagó la luz y nos fuimos a seguir de charla pero en el porche de nuestros dormitorios. Me da por mirar para arriba y darme cuenta que nunca había visto el cielo tan claro. Agarré la cámara y empecé a disparar, y así estuve un rato, hasta que nos fuimos a dormir a nuestras camas de princesas.


Final perfecto para un día perfecto. Nota: lo azul que se ve a la derecha no es un alien, ni un fantasma, ni Batman. Es sólo alguien que se metió en el cuadro por algunos segundos.

La verdad, un día sin desperdicio.

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