Siempre estuvo cerca.
- Por Ahí Blog

- 24 ago 2018
- 2 min de lectura
Hablar de la ciudad de Rosario es hablar del Río Paraná porque es a sus orillas que se expande; y para mi también es hablar de familia porque una buena parte de la mía vive allí. Así es que crecí oyendo hablar de esta ciudad aunque recién la conocí con 19 años -en realidad la primera vez que fui tenía 6 meses pero como no me acuerdo no cuenta-.

Desde hace tiempo, mi tía me dice que una de sus cosas preferidas de cuando se viene a Uruguay es ver el amanecer sobre el río, y desde que empecé a viajar para allá durante el día, la mía es mirar para el otro lado del Paraná, mientras el sol se va.

Pienso en todo lo que quiero escribir sobre esta ciudad que me gusta tanto que no se ni por dónde empezar, así que me decido a hacer una especie de resumen y picoteo y después ir haciendo algunos posts sobre cosas más específicas para no hacerla tan larga. Pero, por algún lado hay que empezar, así que voy a hacerlo por el mismísimo río. Desde el puerto al sur hasta La Florida y el Puente Rosario-Victoria al norte, la ciudad tiene un montón de parques que los fines de semana se transforman en hormiguero, no solo por el verde, sino por la cantidad de actividades y distintos centros que hay en los galpones que otrora fueran del ferrocarril o el puerto, hoy transformados en centros culturales y de actividades y que es una de las cosas que mas me gustan de Rosario: su oferta cultural constante.

Sigo contándoles de la ciudad por una de mis actividades favoritas de fin de semana: recorrer la feria de artesanos de Oroño, seguir por la de antigüedades y terminar en "el roperito". En esa feria de artesanos descubrí mi amor incondicional por los cuadernos hechos a mano -otro de mis kioskos-. Tanto me gustaron que me dispuse a aprender el oficio, y por alguna jugarreta del guionista de la vida, fue de la mano de un rosarino.

Hablar de Rosario también es hablar de sus hijos. Sólo por nombrar algunos, Roberto Fontanarrosa, Alberto Olmedo, Fito Páez, el Che Guevara y claro, Lionel Messi, nacieron allí. Siempre que voy para allá, escucho un rato a Fito, así se me hace que estoy llegando mucho más rápido.

Esta ciudad también respira fútbol y tiene su propio clásico: Central-Newells y desde chica tengo mi favorito, ya sea porque Canaya rima con Manya o porque las franjas amarillas me hacen cortocircuito en el subconsciente.
Claro que no puedo terminar este post sin hablar del símbolo de la ciudad, el Monumento a la Bandera, una torre de 70 metros en el parque del mismo nombre, al que se puede llegar caminando desde la Peatonal Córdoba, uno de los principales centros comerciales de la ciudad, y claro, también desde el río. A mi que como extranjera no me genera ninguna clase de patriotismo, me parece un punto de vista hermoso para ver parte de la ciudad.




Comentarios