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POR AHÍ 

En esta sección del blog es donde van a encontrar todo lo que escribo y algunas fotos o videos sobre los viajes que he hecho, los que quiero hacer y algunos consejos de cosas que he ido aprendiendo sobre la marcha y no son ninguna verdad universal ni mucho menos, pero pueden llegar a servirles.

¿Que gusto tiene la sal?

  • Foto del escritor: Por Ahí Blog
    Por Ahí Blog
  • 24 jul 2018
  • 3 min de lectura

Actualizado: 18 may 2023

Además de hacer mi primer tour fuera de Cusco, también tuve mi primer sismo aunque mi sueño fue más pesado que el temblor y no me enteré.

Asombrada por la novedad, a la hora pactada estaba en la plaza Kusipata para subirme en uno de los varios micros que salían para todos lados. Yo miraba sin entender pero a los pocos minutos de estar observando comprendí que entre guías y choferes tienen cierta organización y en algún lugar tenés tu asiento asegurado.


Primera parada: Chinchero.

Conocí una cooperativa de mujeres locales dedicada al trabajo textil de forma completamente artesanal y slow. Sí, por supuesto que toda la demostración es una puesta en escena para los turistas pero es una muestra condensada de tooodo el proceso de la lana desde la esquila hasta que se convierte en una prenda. El primer paso es el lavado para el que usan una raíz que van a buscar a la montaña, la rallan y al contacto con el agua hace mas espuma que una fiesta de ídem. Ellas también la usan como shampoo y dicen que es anti canas -aunque personalmente yo se lo atribuiría más a cuestiones genéticas-. En fin, la lana queda limpia como una nube. Esa raíz es el secreto mejor guardado. Paso dos; se hila, y después empieza la magia del teñido. Todos los colores son hechos con pigmentos naturales, hojas de distintas plantas, flores, y hasta un bichito. Así es, la cochinilla es usada para todos los tonos de rojo, según la cantidad de tiempo que la lana esté sumergida en la tintura. Y por si fuera poco, la cochinilla es usada como maquillaje.


Una de las mujeres de Chinchero mostrando el teñido de la lana. En sus manos justamente hay distintos tonos rojizos logrados con la cochinilla.

Completamente maravillada con lo que acababa de ver, volví con el grupo a la ruta hasta llegar a la segunda parada: el complejo arqueológico de Moray. Me sigo cayendo de culo. Este lugar no fue una ciudad ni una fortaleza, sino que fue un centro de experimentación agrícola. Tal y como veía en la escuela, el lugar es un conjunto de terrazas de cultivo, de 1,80 metros de alto cada una aproximadamente. Cuanto mas profundidad, mas alta la temperatura, se estima que entre una terraza y la siguiente hay 1 grado Celsius de diferencia y así se testeaban los diferentes cultivos. Los visitantes no tenemos acceso a andar entre las terrazas pero si hay un área específica para caminar en la que se se siente el cambio de temperatura en el cuerpo y yo arranqué a sacarme cada una de las capas de ropa que traía puestas. Esta gente probaba diferentes plantaciones y temperaturas y a mi se me siguen muriendo hasta las albahacas.

Terminé el recorrido un poco antes que los últimos del grupo y me senté en una piedra mirando el lugar y también las montañas nevadas que vengo viendo desde la salida de Cusco. No se que tienen pero me podría quedar la vida entera mirándolas a ellas y a su majestuosidad.


Aunque en las fotos parezcan chicas, cada terraza de las que se ve mide mas de un metro y medio.

Seguimos viaje rumbo a las salineras de Maras. Desde el camino en lo alto de la montaña se empiezan a divisar los pozos de sal. Este lugar es trabajado por un grupo de familias y cada una tiene equis cantidad de pozos. El agua suuuuper salada baja de la montaña (no es necesario ser un maestro de la lógica para darse cuenta de cómo lo sé) hacia los pozos. Ahí el agua se filtra y se evapora con el sol. Después de terminar el recorrido me senté en una sombra en la zona de venta de artesanías y comida, y claro, sal. Entre otras cosas había estatuillas de sal y me acordé de una llama de sal que mi padre me había traído del norte argentino y se derritió en la humedad de la cocina de mi casa.


Los pozos de sal desde el camino en lo alto de la montaña.
Aquí una mujer filtra la sal de uno de sus pozos.

Este día fue el primero en que la altura me pegó un poco, pero fue gracias a que estuve sin comer desde el desayuno como hasta las 3, 4 de la tarde. Definitivamente mi método "bebé" de comer (es decir, cada tres horas) le pasa el trapito a cualquier tipo de ayuno. Después de pasar por ese estado se me fueron todas las ínfulas de persona atlética y fui directo a donde contraté mi ida a Machu Picchu a rendirme y contratar el la subida en ómnibus a la ciudad perdida, no sea cosa que me canse y después no pueda disfrutar de nada. Cuando le conté esto a una de mis amigas, caracterizada por su honestidad brutal me contestó "¿Y vos en qué pensabas subir?" con una cara que no vi pero me pude imaginar.



* You can read the English version of this article here.

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