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POR AHÍ 

En esta sección del blog es donde van a encontrar todo lo que escribo y algunas fotos o videos sobre los viajes que he hecho, los que quiero hacer y algunos consejos de cosas que he ido aprendiendo sobre la marcha y no son ninguna verdad universal ni mucho menos, pero pueden llegar a servirles.

Cusco, llegué.

  • Foto del escritor: Por Ahí Blog
    Por Ahí Blog
  • 14 jul 2018
  • 4 min de lectura

Actualizado: 26 feb 2023

Cuando aterricé en Cusco aún era de mañana, y me sorprendió que estuviese lloviznando porque era julio, plena temporada seca. Es que en esta zona de Perú en vez de tener cuatro estaciones diferenciadas, el año se divide en dos: la estación lluviosa y la seca.


Producto de mis miedos de primer viaje sola, ya había coordinado un auto con el hostel/bed & breakfast que tenía reservado y salí a la puerta del aeropuerto a esperarlo. Sí, me salió mucho más caro que un taxi local pero lo mismo que un viaje no muy largo en Montevideo, así que en la balanza dinero/tranquilidad mental, las cuentas me cerraban.


En el camino del aeropuerto a la que iba a ser mi casa por los próximos días -siempre le digo mi casa a donde me esté quedando- iba llenándome los ojos de las calles menos céntricas de la ciudad, hubiese pagado por ver mi cara en ese trayecto, unos años después podría haber hecho un video reacción. Las viviendas estaban casi todas con sus bloques anaranjados a la vista, sin terminar -unos días después aprendí que era por una cuestión tributaria-, cada algunas cuadras nos encontrábamos con ferias, algunas enormes, otras un poco mas chicas. La mezcla de verduras de colores saturados como sus ropas típicas, gallinas, cortes de carne sin refrigeración y gente pululando eran la constante. La cartelería también me llamaba la atención aunque esto pudiera ser deformación profesional de diseñadora gráfica, tanto que a lo único que atiné a sacarle una foto en el trayecto fue a un cartel que decía "La Concha sazón" porque manejaba y manejo el humor de una preadolescente. Mi otra sorpresa fue el caos amigable del tránsito; autos, mototaxis y lo que venga se aparecían de todas las esquinas. Después de un par de días noté que se entendían a bocinazos y así fue que no vi ningún choque.


Siguiendo los ocho millones de recomendaciones que me habían dado, no había planeado nada para mi primer día en Cusco mientras me conocía con los 3600 metros de altura. Hasta que salí a caminar ni me había enterado de su omnipresencia. Peor que la altura me había caído un medicamento para prevenirla. No había caminado dos cuadras cuando noté que me agitaba. Iba caminando a mi paso normal pero con menos oxígeno disponible. Recalculando. Sigo, pero mas lento y ahora sí, sos mía altura.


En esta ocasión fui muy poco preparada en cuestión de mapas así que tuve que guiarme por el viejo y querido arte de pedir indicaciones, así que eso hice antes de salir del hostel. Necesitaba ir a la Plaza de Armas a cambiar dinero, en el hostel me dijeron que "al llegar a la esquina doblara a la izquierda unas dos cuadras". El primer problema fue que las esquinas de un lado no eran las mismas que las del otro lado de la calle, ¿de qué lado tenía que contar las cuadras? Llegué a una plaza, pero no me coincidía con la imagen que tenía de la Plaza de Armas, así que seguí por la misma calle hasta llegar a una avenida con apariencia importante y doblé por ahí. Después me enteré que era era la Avenida del Sol y si caminaba pocos metros más me daba de jeta con la Plaza de Armas. Ahí empezó mi versión de "elige tu propia aventura" cuando en cada esquina doblaba para un lado o el otro con criterio de ta te ti. Al tercer giro ya estaba completamete perdida, me acuerdo que pasé por un mercado que no volví a encontrar ni queriendo, ¿acaso conocí una dimensión paralela? Cuando estaba empezando a preocuparme vi a través de un cruce unos paredones que reconocí y caminé hasta que llegué a ellos. Otra vez estaba en la esquina del hostel, al lado de la Plaza San Francisco.


La Avenida la que llegué sin saber que era la Avenida del Sol.

La primer plaza a la que llegué, que claramente NO era la Plaza de Armas.

Otro santo le da el nombre al mercado central, San Pedro. Era uno de los lugares que más quería conocer de la ciudad gracias a los cuentos de mis primos que pasaron por la capital del imperio Inca antes que yo. Empecé a recorrer las primeras secciones mirando los precios y no podía creer lo barato que era, podía almorzar, y almorzar bien por un dólar. Nobleza obliga, tengo que advertir que las personas fácilmente impresionables vayan con un poquito de cautela. Llegué al mercado a mediodía, en pleno horario de almuerzo, y mientras me movía entre la muchedumbre una de mis primeras imágenes en primerísimo primer plano fue un señor que venía con su plato de caldo de gallina en la mano, y sé a ciencia cierta que era de gallina por la pata del animalito saliendo del plato. Otra imagen imborrable de la retina fueron los cuises, uno de los platos estrellas de la gastronomía cusqueña, estaban ahí listos para ser cocinados. Volviendo a imágenes más placenteras y a lo barato del mercado, mi primer almuerzo peruano consistió de un huevo frito con arroz (y papas fritas y ensalada; si, te sirven TODO CON LAS TRES COSAS) por 3 soles, 24 pesos uruguayos. Consejito: yo soy una asquerosa y no como casi ninguna cosa cruda, pero ojo los delicados del estómago porque comer cosas crudas fuera de su casa es un pasaje de ida a una gastroenterocolitis. De nada. En fin, el mercado merece tomarse un tiempo para recorrerlo, aunque sea en etapas, porque el colorido que hay ahí adentro vale la pena todas las patas de gallina y cuises pelados del mundo.


Una de las secciones del Mercado San Pedro de Cusco.


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