top of page

QUÉ PUEDEN ENCONTRAR EN

POR AHÍ 

En esta sección del blog es donde van a encontrar todo lo que escribo y algunas fotos o videos sobre los viajes que he hecho, los que quiero hacer y algunos consejos de cosas que he ido aprendiendo sobre la marcha y no son ninguna verdad universal ni mucho menos, pero pueden llegar a servirles.

Me maravilla.

  • Foto del escritor: Por Ahí Blog
    Por Ahí Blog
  • 30 ago 2018
  • 4 min de lectura

Como algo ya típico de mi ansiedad, me desperté antes de que sonara el despertador (como todos los días desde que llegué, y años después puedo decir que como todos los días cuando estoy de viaje) ¿por qué no me pasará cuando tengo que levantarme en casa?


Agarré mis cosas esperando no quedarme encerrada en la pieza del hostel del terror, porque si, para completar el día anterior la cerradura no andaba del todo bien, y me fui a hacer la cola para subir al ómnibus. Quedé parada en frente a un lugar de desayunos que quería probar pero me rehusé a pagar 7 soles por un muffin. Mientras esperaba hice lo mismo que hago siempre que tengo que esperar, miraba todo y a todos a mi alrededor y me pregunté por qué había tantos carteles escritos en comic sans. A las 5:30 am los buses empezaron a salir y no me arrepentí en lo más mínimo de no haber subido a pie, está salado. Ya tuve suficiente de hacerme la atlética para probarle no se qué cosa a quién, capaz que a mi, capaz que al resto del mundo.

Ya está claro, pero el sol aún no se ve. Lo esperamos.

Me encontré con el guía y el resto del grupo y nos metimos en la montonera para entrar. Del otro lado de la entrada nos volvimos a reunir para empezar a subir escalones, otra vez muchos escalones, pero a los pocos minutos paramos. Aunque el cielo ya estaba claro, el sol aún no había aparecido y justamente para lo que paramos fue para esperarlo. El sol empezó a asomar por detrás de una de las montañas, los rayos fueron apareciendo de a uno. Fue uno de los momentos más memorables de mi propio ranking personal. Creo que los amaneceres me gustan igual o mas que los atardeceres, pero pocas veces tengo la voluntad de levantarme tan temprano. Solamente este momento hace que todo, absolutamente todo el cansancio y el pánico del día anterior hayan valido la pena.

El sol asomando.

Después del amanecer seguimos la recorrida con el guía que nos iba explicando sobre las distintas partes de la ciudad, qué zona de viviendas era para quién, las escuelas, el centro ceremonial, la plaza donde se intercambiaban cosechas, cómo funcionaba el pago de tributos. Mucho mas divertido que las clases de historia de la escuela. También nos contó del sistema de comunicación por postas a través de los chasquis -mensajeros-. Los incas, o los quechuas según este guía, no tenían lenguaje escrito, el quechua se ha mantenido hasta el día de hoy a través de la oralidad. Pero, en este sistema de postas, el mensaje era llevado a través de una especie de sogas anudadas -quipus-. Según nos contó el guía, hasta el día de hoy no han sido descifrados, incluso nos contó del trabajo de una antropóloga alemana cuyo trabajo él seguía y que estaba a punto de publicar sus descubrimientos cuando apareció un nuevo quipu que tiró todas sus teorías al tacho. 2 años después, mientras iba camino a Grand Canyon conversando de esto y aquello con mi guía, me cuenta que una de las tribus de la zona -no recuerdo cuál- tenía el mismo sistema y yo casi palmo porque en momentos así me creo que hago descubrimientos zarpados y mi cara debe ser comparable a la del conductor de alienígenas ancestrales y me pregunto por qué no fui antropóloga, o Indiana Jones.

Foto random del día.

Volviendo a Perú. Después de terminar el recorrido con el guía, cada uno se quedaba por su cuenta recorriendo a gusto el lugar. Yo sin subir a Huayna Picchu porque conozco mis limitaciones. Y claro, por el vértigo. Salí casi invicta de tropezones y caídas, lo que es increíble para mi torpeza innata. Y digo casi porque me comí un escalón y no aterricé porque pude manotear un muro.

Una foto random del día. Alpaca es <3

Cuando bajé de Machu Picchu a Aguas Calientes el reloj todavía no marcaba las 11 aunque para mi ya era como media tarde. Me senté en un lugar a comer y charlar por whatsapp con una de mis amigas cuando de repente escucho algo familiar. Era alguien que iba escuchando El Reja a todo lo que daba. Homesick a ese nivel. Si escuchaba Los Fatales creo que largaba la carne a la pimienta y me iba haciendo trencito hasta la plaza.


Ya tenía mi boleto de tren para volver a Hidroeléctrica, 28 dólares que gasté con gusto para un trayecto de aproximadamente media hora. Este día venía resultando maravillosamente bien para ser verdad. Al llegar a la represa, otro quilombo con las camionetas. Mucha gente, yo incluida, no estaba en ninguna lista de pasajeros y un tipo nos decía que teníamos que ser más pacientes. ¿Que qué? La verdad es que ellos deberían ser bastante más organizados. Me reencontré con mis amigos españoles del día anterior que estaban en la misma situación que yo. Ya tenía el cassette grabado para cada vez que me preguntaban nombre y cantidad de pasajeros. "Inés Correa, soy sola". Me acomodaron en una camioneta y emprendí la vuelta. De este trayecto rescato dos cosas. Primero, cómo se veían las estrellas por la ventana. Tan lindas que me hacían olvidar un poco de las curvas y la velocidad porque el conductor de hoy también se creía Toretto. Segundo, fue en este trayecto que conocí un manjar tan choto que ahí reside su maravillosidad (¿existe esa palabra?): el refuerzo de huevo frito. Si, eso mismo. Es como cuando mojás el pan en el huevo frito, pero en todo un sandwich. Sanguchito querido, no se cómo demoramos 28 años en conocernos, siento que te tuve al lado toda mi vida y apareciste cuando necesitaba alguien que me reconfortara después de un día en las montañas y cómo lo lograste.

Foto random del día. ¡Llegué!

Lo único malo del día de hoy fue que en algún momento entre mi llegada a Cusco, la ida a un locutorio a llamar a papá, mi parada a comprar pizza para cenar en la que ya era mi pizzería de confianza y la llegada a casa perdí mi tan amado gorro de lana azul, comprado unos meses antes en Bariloche. Lo cómico, un mes antes un amigo me lo pidió para llevárselo de viaje y yo por miedo a que se perdiera le dije que no. Le dicen karma.



Comentarios


  • White Facebook Icon
  • White Instagram Icon
  • White Twitter Icon

© 2023 by Design for Life.

Proudly created with Wix.com

bottom of page