Hello anxiety my old friend.
- Por Ahí Blog

- 7 abr 2021
- 3 min de lectura
No me acuerdo de la primera vez que sentí ansiedad, pero sí fue en mis veintitantos que aprendí que eso que sentía tenía un nombre y ese nombre era ansiedad.
Cuando algo me dispara este estado se me cierra el estómago, voy mucho al baño, tiemblo e hiperventilo. A veces también me arranco pielcitas de los dedos o los labios. Y obvio que también me cuesta dormir.
Desde el año pasado entendí que escribir me ayuda a procesar y entender lo que me pasa de una forma similar a cuando iba a terapia, así que acá estoy. Escribir no sustituye la terapia, claro que no, pero es mucho mejor que la nada.
Cuando atravieso períodos de ansiedad -porque cuando ataca son días y a veces semanas- y tengo un momento de alivio, sobre todo en mi estómago o en mi sueño, es el paraíso. Pero es un paraíso que no llegás a disfrutar, porque el miedo de que vuelva el malestar está ahí, porque sabés que indefectiblemente vuelve.
Ayer me di cuenta de algo, que poner el foco en otra cosa me ayuda a aliviar el malestar. Pero poner el foco en otro lado cuesta un huevo.
Pero, ¿qué me dispara la ansiedad? Generalmente algo que me da miedo o me preocupa, o un problema, pero de mucho menor escala de lo que dimensiono en mi cabeza. Lo voy a explicar así, de todas las cosas que pueden suceder, en mi cabeza siempre pasa lo peor e incluso cosas peores que lo peor. Después me lleno la boca diciendo que "lo único que no tiene solución es la muerte" y realmente creo en esa frase, pero cuando estoy metida en la rosca de ansiedad no es tan fácil verlo.
Estos días he zafado de una crisis o ataque de pánico, pero se que puede aparecer en cualquier momento y no quiero. Como si querer o no querer tuviese alguna injerencia. Estos días estoy tomando unas gotas para equilibrar mis emociones y un te de tilo religiosamente antes de irme a acostar. Ayuda bastante pero igual me cuesta dormirme, igual me despierto de madrugada pensando que todo lo que puede salir mal va a salir peor. Igual todas las noches juego con mi teléfono hasta que el sueño me gana. Se que es mejor leer y que las pantallas no ayudan, pero cuando la ansiedad es alta no logro ni meterme en el libro y el candy crush termina siendo más efectivo.
Escribir esto me ayuda a aliviarme un poco, pero cuando aflojo me empiezo a marear. Se me mezcla el mareo con los retorcijones. Mi gato se acurruca conmigo como sabiendo que lo necesito y su ronroneo me calma. Mientras escribo esto también lloro por darme cuenta de lo rota que estoy, o lo rota que me siento a veces. A este cuadro sumémosle ser introvertida. No me sale hablarlo, a veces le comento algo a alguna de mis tías que un poco lo entienden pero lo que me sale de la boca para afuera es la punta del iceberg. Escribirlo es más fácil, no hay nadie mirándome a los ojos mientras trato de ensamblar palabras.
Estando acá sola también es difícil que alguien se de cuenta y a veces lo que necesito es que vean cómo estoy más allá de lo que me salga, me abracen y me digan que va a estar todo bien.
Me puse post its con la frase "todo va a estar bien" en mi escritorio y me aferro a encontrar piedras de corazón como señal del universo de que así va a ser. Pero no basta.
En este momento hago una pausa porque me atacan los retorcijones. También aprovecho la pausa para alimentar a mis perros y a prepararme algo para mí sin ganas. Porque de lo único que tengo ganas es de acostarme en posición fetal y dormir y llorar. Mas ganas de dormir, pero se que el llanto va a llegar primero, ya está en el borde de mis ojos.
Tengo un montón de cosas esperando que las haga, pero todo me cuesta mil veces más que de costumbre. Después que logro iniciar, el malestar afloja un poco, pero lo difícil como ya dije, es salir de la rosca y enfocarse en cualquier otra cosa. Intento almorzar, como poco pero me cae bien. Me armo de fuerzas y voy a buscar unas cosas que preciso. El estómago se calma y cruzo los dedos para que dure.



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