Los inventores de la heladera y otros cuentos.
- Por Ahí Blog

- 30 jul 2018
- 4 min de lectura
Actualizado: 20 may 2023
Parte 1. Pisaq.
Al pie de la montaña está el pueblo "moderno", habitado desde la colonia (los blanditos no se bancaban la altura), y en la cima de la montaña las ruinas históricas.

Acá Jonathan, nuestro guía por el día, del que ya me había hecho amiga a pesar de que no comprendía qué carajo hacía viajando sola por Perú, dio su charla explicativa prácticamente de memoria sobre el lugar. Acá fue la primera vez que tuve este pensamiento: si bien la mayoría de los peruanos con los que hablo despotrican contra la conquista y todo lo que hicieron los españoles (teníamos españoles en el grupo, fue un momento un poco tenso) son recontra católicos, que además del idioma, es la principal consecuencia de la conquista. Al final de la charla, nos dice que nos da 20, sí, VEINTE, minutos para recorrer y listo, ¿QUÉEEEEE? ¿Cómo se supone que voy a recorrer un complejo de ruinas en tan poco tiempo? Pensé en que decía eso porque ya sabe que todo el mundo demora más y jugar bajo esa regla pero me daba bastante miedo que cumpliera su palabra y me dejaran ahí varada. Salí como el correcaminos hacia la cima de la montaña y la altura me dijo ¿quién te crees que sos? y tuve que parar a recuperarme un poco después de la mitad de la subida. Mientras respiraba hondo y escuchaba los latidos de mi corazón demasiado rápido miraba el habitáculo en el que estaba y su ya clásica construcción de bloques perfectamente encastrados y huecos trapezoidales que dicen algunos que era para poner las momias que se envolvían en una posición que encajaba ahí, pero por lo que pude oír no es algo 100 % comprobado, así que chequeen ustedes mismos.

Llegué a la cima, miré para abajo, saqué fotos y me sacaron fotos, porque cuando viajás sola y estás en la lucha con la selfie siempre aparece un alma caritativa que se ofrece a ayudarte (y digo aparece porque la experiencia me ha enseñado a no pedir porque casi siempre termino desilusionada con el resultado). Me quedé contemplando los cerros, las terrazas, todo, unos minutos y diciéndome "pudiste" como si me estuviese probando algo a mí misma. No sé qué es lo que me estaba probando, ¿subir a la cumbre de una montaña? ¿viajar sola a un lugar que no conocía? Sin saber la respuesta emprendí la vuelta. La bajada no era más fácil que la subida. Tenía que ir con cuidado porque el camino era bastante empinado, no estaba cubierto de escalones y las barandas eran completamente enclenques. Un paso en falso y te podías ir al precipicio, directo al cementerio que está en la montaña de en frente como si fuera un colador en la ladera, los agujeritos eran usados como nichos. Por lo menos el viaje no sería tan largo.
No hace falta decir que cuando llegué de vuelta al punto de encuentro faltaba gente y tuve que esperar.


Parte 2. Ollantaytambo.
En este lugar no paré de sorprenderme de lo adelantados que eran los Incas, como si ya no lo supiera. Además del pueblo que es totalmente fotogénico y sigue usando el sistema de recolección de pluviales de hace 500 años, visité el centro arqueológico al que accedí subiendo una cantidad ridícula de escalones. Pero cada uno de ellos vale la pena.

Lo que viene son puros datos del lugar pero que son los que me cautivaron.
- El primero, las rocas usadas para su construcción, granito rosado en su mayoría, se sacó de otra montaña a unos 5 kms aproximadamente. ¿Cómo las trajeron sin conocer la rueda? Aparentemente, con un sistema de troncos y cuerdas que se recreó unos años atrás en el pueblo.
- Segundo, desde el templo del sol mirando a las montañas que quedan en frente, en el extremo izquierdo se ve el perfil de la cara de un inca. Había hipótesis sobre si eso era hecho o fue un regalo de la Pachamama hasta que alguien llegó al lugar y descubrió herramientas y fósiles humanos. Fin de la discusión. La cuestión es que ese perfil se alinea con el templo del sol, en el día de uno de los solsticios (no me acuerdo en cuál y no pude encontrarlo, mala mía).


Tercero, y ahora traigan un gato hidráulico para levantarme la mandíbula, los graneros. Estas construcciones están en la montaña de en frente. Y lo que estos señores inventaron fue un sistema de refrigeración que funcionaba gracias a la combinación de drenajes que llevaban el agua de la montaña y los vientos fríos que soplan en la zona. Y por si ésto fuera poco, eran másters de la comida deshidratada para su almacenaje. Y no puedo decir nada menos que eso, porque cuando encontraron ese lugar, hace no tantos años, encontraron papas y otros vegetales deshidratados, aún en condiciones. Juez, termine este partido que está robado.
Parte 3. Chinchero. (Sí, otra vez).
Esta vez no sólo paramos a ver a las señoras del día anterior a las que atendí con la misma fascinación, también fuimos al centro arqueológico aunque ya era de noche y no pudimos ver demasiado. Bah, demasiado de la construcción, porque las estrellas se veían espectaculares. Así que mientras Jonathan nos explicaba sobre algunas de las más de 3000 variedades de papa que hay en el Perú, yo me dediqué a sacar fotos del cielo que no quedaron muy bien, hasta que nos íbamos y en la escalera de salida estaba súper oscuro, así que pedí o más bien exigí que me esperaran sólo dos minutos y ahí si, maravilla.

Volvemos a Cusco. Llegamos después de las 9 de la noche y yo me tengo que aprontar para irme mañana temprano a Machu Picchu, así que paso por una pequeña pizzería que no llama para nada la atención pero tienen unas pizzetas que están de locos.
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