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QUÉ PUEDEN ENCONTRAR EN

POR AHÍ 

En esta sección del blog es donde van a encontrar todo lo que escribo y algunas fotos o videos sobre los viajes que he hecho, los que quiero hacer y algunos consejos de cosas que he ido aprendiendo sobre la marcha y no son ninguna verdad universal ni mucho menos, pero pueden llegar a servirles.

De madrugones, poderes mentales y dulce de leche.

  • Foto del escritor: Por Ahí Blog
    Por Ahí Blog
  • 13 feb 2019
  • 3 min de lectura

Muy temprano, apenas sonaron las 3 alarmas a las 5:15 am del cuarto princeso y seguramente la de los otros cuartos también, tuve un momento de vidente/ayahuasca/poderes mentales que no pude explicar. La noche anterior, después de sacar fotos de la Vía Láctea, no encontraba la tapa de mi lente, y como a oscuras iba a ser muy difícil lograrlo, lo dejé para cuando hubiese luz. Mientras dormía, soñé que la tapa estaba en el piso, al lado de la baranda del deck. Salté de la cama sin repelente y sin importarme las picaduras dándole el paso al baño a mis roomies para salir a ver si la tapa estaba en el lugar de mi sueño antes de que se me olvidara. Estaba ahí. In your face ayahuasca.


La verdad no tenía muchas ganas de madrugar pero este amanecer desde el río sí que vale la pena. Soy feliz con tan poco.

Después de la experiencia mística y aún sin despertarme del todo, salimos mas dormidos que despiertos río arriba (¿o abajo?) para ver los loritos de cresta roja, ave nacional del Perú. La cuestión es que llegamos y había que verlos desde leeeejos con una especie de telescopio, y tenía que ser tan temprano porque es al amanecer que los pájaros van a picar en los paredones de arcilla unos minutos y se van.


No, no tengo una imagen de los loritos porque realmente estaban lejos. Pero les dejo esta foto de las nubes levantándose hacia el cielo al amanecer que no se queda atrás en belleza.

Después del momento NatGeo, volvimos un poco por el río, y paramos en la orilla a desayunar, con panqueques y dulce de leche incluido (ahora si que me valió la pena el madrugón, porque gorda se nace). Obvio que me recontra emocioné porque desde que salí de Uruguay casi dos semanas atrás tenía abstinencia de este manjar que es un componente de mi dieta básica. Obvio que también me emocioné a contarle a todo el mundo que esa cosa que estábamos comiendo era uno de los productos nacionales de mi país y que nos disputábamos su propiedad con los vecinos.

Después de reponer energías y despertarnos completamente con un buen café, nos fuimos a caminar por la selva secundaria, del lado de en frente del río. Esta vez es casi todo plano, por suerte. Casi todo es bambú y es mucho menos frondoso que ayer (me pregunté seriamente por qué hay bambú y no hay osos panda, nadie me dio bola).


En una pausa de la caminata pero no del sol, llegamos a un lago en el que anduvimos en balsas mientras veíamos varias especies de aves que eran las protagonistas del día. Me acuerdo especialmente de una que podía tener cierto parentezco con las gallinas pero capaz que estaba divagando por el calor. También iba pensando en qué pasaba si me tiraba al agua.


Un espejo de lago.

Por alguna razón estas aves me recuerdan a las gallinas, así que cual Homero Simpson "a ti te llamaré gallineta".

Es muy común ver estos nidos en un montón de árboles. De éstos si recuerdo el nombre y son oropéndulos.

Vimos un montón de insectos que parecían mutantes, y mientras Germán el guía nos contaba su experiencia con el ayahuasca a mi me comieron unos bichos que parecían drones en miniatura. Aprendimos que si nos perdemos en la selva la solución para sobrevivir es fruta para hidratarse e insectos como proteína siendo especialmente buenas las termitas. Y fundamentalmente que no te encuentre un jaguar.

Germán sostiene una rama con una hormiga atómica. Pueden creer ese tamaño?

La magia de la selva hace que para donde mires hay algo a fotografiar. También hace que la escena esté llena de seres cual libro de Wally.

La biodiversidad me dejó boquiabierta en este viaje. Tanto, que hice las paces con la biología que fue una de las asignaturas que mas odié en la vida y ahora muero por aprender cosas.

Después de la vuelta, la rutina de la ducha reparadora, el almuerzo delicioso y una siesta merecida y obligada. Teníamos otra caminata por delante, esta vez nocturna, pero mis pies se habían llenado de ampollas gracias a las 5 o 6 horas de caminata en botas de goma y millones de grados de temperatura porque piel de bebé, así que decidí quedarme en el lodge a preparar mi equipaje para mañana, leer y charlar de la vida con Michael, que se enfermó y no fue a ninguna de las caminatas.

Lamentablemente, ésta fue la última noche en nuestras camas de princesas de la selva. Y lo peor, la última con la tremenda vista del cielo.


Hasta siempre cielito lindo.

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